Viejo...
Y tras tomar el último sorbo de su copa de vino se sintió irremediablemente viejo, sus cuarentaitantos años le pasaban la cuenta aquella meditabunda noche de primavera. Toda su vida se había desenvuelto más bien en forma corriente, pero esa noche algo era diferente. Miro la ventana y más allá de ella, y en la lejanía diviso a la luna mientras el diáfano vidrio fue incapaz de impedir que un rayo de luz nocturna penetrara sus ojos. Aquel rayo inexorable despertó en el, el remordimiento de saberse cada vez más pronto a su tumba y que sus actos del ayer aparentemente olvidados, no lo serian jamás. Su conciencia se fustigaba a si misma por el pudoroso conocimiento que sus errores no podrían ser enmendados una vez su cuerpo yaciese bajo tierra.
Lo invadió entonces un poco de desesperación y tristeza cuando supuso que su ex mujer, con la cual había estado casado solo unos cuantos años y su hijo, que apenas conocía, no lo recordarían precisamente como un marido y padre ejemplar.
Como les dije, toda su vida resulto ser relativamente simple, había sido un empleado siempre. Luego de separarse de su mujer había comprado un pequeño apartamento en los suburbios. Vivía solo en aquel lugar donde tenía el espacio suficiente para poner el viejo sofá de su padre y acumular en un rincón una pequeña cantidad de libros que le gustaba hojear de vez en cuando. Volvió a mirar la ventana y mas allá de ella, y vio el negro encuadre del cielo como un como un opaco desierto, y se sintió ignorado por la impavidez de las sierras nocturnas. Entonces miro más profundamente en el oscuro desierto del cielo y vio su vida como imágenes amontonadas en el silencio, sin el más mínimo acento de color. Tras cuarentaitantos años de vida no podía recordar ni un solo instante de gloria, ni menos de felicidad. Todo era cierto, después de más de cuatro décadas de vivir en este mundo, no había sido capaz de hacer nada para que este lo recuerde a el, ni el mundo había sido capaz de entregarle nada a el digno de ser recordado
Entonces decidió encender un cigarrillo, había intentado dejarlo toda su vida pero su pequeña voluntad no le permitió hacerlo. Otra vez miro la ventana y más allá de ella, y bajo el cielo nocturno observo la ciudad, y la contemplo como una tumba en la tierra. Una fosa enorme donde miles de almas yacían enterradas en la rutina, amontonadas unas encima de otras en la soledad, bajo la bulla del silencio. Entonces vio al mundo como un gran cementerio, donde existían tumbas enormes conectadas por longevos caminos rutilantes por la noche. Ningún lugar civilizado donde el fuera sería distinto, en aquellos lugares todos ya estaban muertos o pronto lo estarían.
Después del divorcio no había sido capaz de mantener ni una relación seria, ni menos estable luego de aquel efímero romance que culmino en su matrimonio, nunca más se había enamorado o algo remotamente similar. De vez en cuando iba a un burdel donde nunca se acostaba con la misma chica, para no sentirse comprometido. Nuevamente miro la ventana y más allá de ella, ahora bajo la luna diviso una estrella. Ya no era su conciencia quien buscaba refugio, era su corazón, aquel que nunca había encontrado el verdadero amor. Buscaba en aquella estrella a su Venus, aquella dulce mujer que pudiera darle cobijo en sus jardines, aquella que lo hiciera dormitar en los valles formados entre sus brazos, aquella con la cual quería volver a hacer el amor sumergido en sus propios mares. Entonces recordó a su ex mujer. Quizás se encontraba sola en aquella tumba luminosa.
Para ella quizás también la vida no había sido tan buena. Después de todo cuando se separaron sus besos ya habían perdido algo del color a miel que alguna vez tuvieron. Si lo habían recuperado era un misterio que el ya no podría resolver, quizás otro sí.
Todos sus pensamientos habían sido vanos recuerdos de lo pasado, ya no podía cambiar nada. Miro nuevamente la ventana, pero esta vez no vio mas allá, si no que vio en ella el reflejo de la botella de vino que ya estaba vacía, ya no quedaba vino que tomar ni noche que pensar. Sería mejor que se fuera a la cama, a la mañana siguiente tenía que trabajar como siempre.
El vino y el cigarrillo habían sido capaces de sedarlo lo suficiente como para poder dormir otra vez. Buenas noches.
On April 16 2008
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