Samuel Goldfish y Edgar Selwyn fundan la Goldwyn Pictures
Ya se ha vuelto una tradición de este fotolog retroactivo el comenzar las entradas con una pequeña reseña histórica que ponga en evidencia el quilombo que era el Viejo Mundo en los primeros años del siglo XX. El artículo de hoy pretende ser una bienvenida excepción, demarcando sucesos agradables ocurridos en 1916, como ser la invención del interruptor de la luz por parte de William Newton, Claude Monet pintando las Ninfeas, o Hipólito Yrigoyen siendo electo presidente de la República Argentina. Tres eventos clave que desencadenaron la Primera Guerra Mundial.
Pero entre tanto horror hubo quienes se atrevieron a soñar un mundo mejor, creando películas con mensajes de paz y fraternidad entre los pueblos. Naturalmente, no nos referimos a los judíos norteamericanos Samuel Goldfish y Edgar Selwyn.
Su primer intento de llevar su mensaje ultra-sionista a Holywood se da en 1914, cuando combinando sus apellidos fundan la productora Selfish. Lo que en su momento pareció un ocurrente juego de palabras terminó jugándoles en contra cuando la gente comenzó a asociar los conceptos de judío y egoísta. Viendo jaqueado su plan de conquista del multimedio, Goldfish y Selwyn se apuraron a reinaugurar su productora, esta vez bajo el nombre de Goldwyn. Esto ocurrió el 19 de Noviembre de 1916.
Pasaron los meses y no había indicios de que la Goldwyn fuera a producir película alguna. Los socios fundadores de nuevo se vieron forzados a cambiar la forma en que dirigían el negocio. Las reuniones con los ejecutivos pasarían a hacerse a la luz del día, en el décimo piso en lugar de un subsuelo oscuro. Se aceptarían guiones de los goim, no necesariamente escritos en hebreo, y bajarían la taza de mensajes subliminales a un cuadro por segundo. También buscarían un reemplazo para la mascota oficial, una efigie del dios Mammon. Buscando un icono más atractivo para las audiencias infantiles crearon a Loew, el gólem, una versión animada del mismo golem que tenían como encargado de seguridad en el edificio. El inexpresivo rostro de arcilla de Loew apareció en las primeras seis películas de la Goldwyn, al inicio, en los créditos finales, entre los trailers y durante el interludio sugiriendo a los espectadores que bajen al vestíbulo a comprar teiglach.
Posteriores testeos sugirieron que la audiencia estaba aterrada ante Loew, el gólem, por lo que nuevamente se decidió buscar una mascota para la productora; de ser posible algo que estuviera vivo. En 1919 debutó Torgo, el buitre, en la comedia infantil Las siete plagas. Al comienzo de cada película, Torgo aparecería en el centro de la pantalla, enmarcado sobre el título de la Goldwyn Pictures. Luego desplegaría sus alas y produciría un prolongado alarido, para pasar luego a picotear el costado de su cuerpo, exponiendo al público su desplumada cabeza. La escena entera duraba veintiún segundos, pero a los pocos meses se la acortó a diecinueve para ahorrar film (esto luego de repetidas protestas de los directores, que encontraban sus películas reducidas en más de una hora y media con el mismo fin de reducir costos).
En 1924, ya desterrado Samuel Goldfish a un kibuttz en Palestina, no hubo obstáculo para cambiar la mascota de la empresa a algo marginalmente menos ofensivo. Es así como en el estreno del thriller El código Versalles debuta Shalom, el león de Babilón, emblema que perdura hasta el día de hoy.
A lo largo del siglo XX, la Goldwyn Pictures permanecería como una de las productoras más influyentes del mundo, siendo siempre fiel al ethos plasmado por sus creadores: contribuir a edificar los cimientos para la instauración de un Estado mundial judío. El resto es historia.
Foto: Shalom, el león de Babilón, rugiendo para la cámara. Curiosamente, el animal aun sigue vivo; hoy se lo puede encontrar bastante venido a menos en el circo de los hermanos Baremboim. 19 de Noviembre de 1916.
On November 19 2016
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