Me he comprado un billete de ida y vuelta y me he vuelto andando
Como el chiste del «tonto del pueblo», ese que, creyendo putear a la RENFE, se compra un billete de ida y vuelta y se vuelve andando. O imaginad un supermercado en el que se pudiera pagar por adelantado la compra de todo el año y luego pudieras ir cada semana a recoger la parte que te corresponde, pero si no lo haces, eso que pierdes. Pues resulta que en ese super habría algunos mentecatos que, para «protestar», harían huelga de recoger SU compra algunas semanas. Pero ahora imaginad esos imbéciles haciendo un piquete a la puerta del super no dejándote recoger la TUYA.
Pues eso pasa. En la facultad de filología de la Complutense, sin ir más lejos. Una panda de majaderos ha impedido a los alumnos recibir unas clases por las que han pagado.
Me parece estupendo que cada cual derroche su dinero -o el de sus padres en el caso de estos zotes-, ¿pero con que dercho se creen para impedirme a mí tener algo que ya he pagado? Pero es que además he tenido que cambiar turnos en el trabajo para poder asistir a clase. Claro, que tampoco es para tanto si lo comparamos con el caso de uno que se ha venido en AVE desde Toledo para luego encontrarse este percal.
¿Qué Bolonia es una mierda? De acuerdo. Pero también es una mierda la pizza dell Telepi a veces y no por ello pago una familiar y me llevo una mediana como «protesta».
Loparadójico es que esta pandilla de zopencos se llena la boca de «antifascismo» y luego utiliza métodos de camisa parda. También tienen siempre lo de la «lucha proletaria» en el disparador, pero por su culpa, los únicos que pueden recibir una educación sin estos disturbios son los ricos que pueden permitirse educación privada. Las familias obreras seguro que les están eternamente agradecidas por el dinero que, con mucho esfuerzo, han invertido en la educación de sus hijos para que una caterva de memos les diga que no sus hijos no pueden ir a esas clases que han pagado. Tan demócratas son que, antes de obligar por la fuerza a cerrar la facultad, se pasan clase por clase interrumpiéndolas para votar la huelga. Luego imponen su voluntad cuando ven que la mayoría pasa de perder clases, pero oye, que votar, se vota. Que majos.
El año que viene lo tengo claro, en vez de gastarme el dinero que me cuesta cuarenta horas semanales ganar, me voy a presentar en algún sindicato de subnormales de estos a pedirles que, por favor, que me paguen ellos la matrícula. Hecho eso, entonces sí. Pero mientras que me pague yo la universidad, esta pandilla ya puede recitarme las cuatro consignas que han memorizado -porque no os vayáis a pensar que han leído ni una versión resumida de «El Capital»-, porque yo tengo la refutación perfecta: «voy a clase porque me sale de los cojones, que para eso la he pagado».
Esperemos que el rector tome cartas en el asunto, que cerrar un edificio oficial no es cosa de broma, y que permita la entrada de la policía en el campus para garantizar el normal funcionamiento de la facultad. Y si se tienen que llevar palos los piquetes, estupendo. Y si expulsan de la UCM a los cabecillas, tanto mejor. Así aprenderan a que si quieren jugar a los revolucionarios, la próxima vez que no sea con el dinero y el tiempo de los demás.
On March 12 2009
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